Πέμπτη, 19 Ιανουαρίου 2012

Breve historia de la Corona de Castilla en los siglos XI-XV



En el año 1037 Fernando I derrotó al último rey leonés y se proclamó rey de castellanos y leoneses. Al morir Fernando en 1065, sus estados se dividieron entre sus hijos. Ello dio lugar a una serie de luchas entre los hermanos hasta que se consiguió nuevamente la unificación de los dos reinos bajo Alfonso VI (1072-1109).
Alfonso, gran defensor de la unidad de Castilla y León, fue el primero de una serie de soberanos que hicieron de Castilla un centro muy importante de la política de los reinos peninsulares. A partir de su época Castilla continuó la lucha contra los musulmanes con mayor perseverancia, ocupando extensos territorios hacia el sur y el este, y apoderándose de Toledo en 1085, hecho que estableció sólidamente la hegemonía castellana sobre los demás reinos cristianos. Esta hegemonía se aseguró en 1212, cuando el rey Alfonso VIII (1158-1214) formó una alianza con los reyes de Navarra y Aragón y junto con ellos venció a los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa en este mismo año.

Alfonso VI (1072-1109)


Alfonso VIII (1158-1214)

La unificación de los dos reinos se produjo finalmente en 1230 bajo el sucesor de Alfonso VIII, Fernando III el Santo (1217-1252), quien se dedicó a la Reconquista. Fernando avanzó hacia el sur y puso bajo su poder Córdoba (1236), Jaén (1246) y Sevilla (1248), reduciendo el dominio musulmán a Granada y obligando al rey de la ciudad a pagar tributos al rey cristiano a fin de mantener su posición.

El proceso de la Reconquista se interrumpió bajo el reinado de Alfonso X el Sabio (1252-1284), pero la aportación del rey en la vida cultural y científica fue enorme. Alfonso, movido por un afán cultural, decidió prescindir de diferencias de religión y de raza y reunió a los judíos, musulmanes y cristianos más importantes de la época y con éstos fundó varias escuelas de investigación y traducción. Entre ellas, la más importante se considera la Escuela de Toledo. Así se tradujeron en castellano libros como La Biblia, el Corán, el Talmud y la Cábala. Hombre de su siglo, decidió reunir en un todo harmónico todos los aspectos que podía ofrecer la cultura de la época. Su obra tiene, en efecto, el valor de una inmensa enciclopedia. Las direcciones más importantes de su producción tienen que ver con la historia, la astronomía, la jurisprudencia y la poesía. En primer lugar, introdujo el “castellano drecho” en los usos de la Corte y en la redacción de sus obras científicas, jurídicas e historiográficas. En segundo lugar, adoptó para su obra lírica la lengua gallego-portuguesa, la cual era muy hablada entonces, consolidando una tradición lírica que procedía del tiempo del reinado de su padre, si no de antes.

Alfonso X el Sabio (1252-1284)

La gran Escuela de Toledo y las Cortes de Sevilla y Murcia fueron testigos de una colaboración científica y cultural de excepción. Fueron imprescindibles para la recuperación de la cultura antigua y para el progreso de España hacia el definitivo Renacimiento. La rehabilitación del castellano es sumamente importante para los nuevos caminos del pensamiento. En los últimos años de Fernando III, el castellano se comienza a utilizar para ciertos documentos. Pero la lengua castellana alcanza el título de oficial con Alfonso X, y a partir de entonces todos los documentos públicos se redactarán en castellano, asimismo las traducciones en vez de verterse al latín se realizarán a dicha lengua. En todo eso, la presencia de Alfonso X el Sabio fue determinante.

También en el siglo XIII comenzarán a fundarse gran cantidad de universidades en los territorios que formarían la Corona de Castilla, algunas de las cuales, como las de Palencia o Salamanca, serán las primeras universidades europeas.
El reinado de Sancho IV (1284-1295), hijo de Alfonso X y nieto de Jaime el Conquistador de Aragón fue también importante para las letras, en una época casi tan activa en la composición de libros como la de su padre. Además, cuando subió al trono de Aragón Jaime II, hubo un acercamiento con Sancho IV y los dos reyes, unidos, dieron un nuevo impulso a la Reconquista.

Entre los demás sucesores del trono castellano el más importante fue Alfonso XI el Justiciero (1312-1350), un gran político y guerrero de la Reconquista. Durante su reinado consiguió el fortalecimiento del poder real y la resolución de los problemas del estrecho de Gibraltar. De hecho, el territorio castellano se extendió hasta el estrecho y, en alianza con los portugueses, pudo infligir a los musulmanes algunas de las más grandes derrotas de toda la Reconquista, primero en la batalla de Salado (1340) y, finalmente, con la toma de Algeciras (1344).

Alfonso XI (1312-1360)

Sin embargo, con los sucesores de Alfonso XI la historia de Castilla entra en una época de desgracias económicas y rebeldías de la nobleza, un período que durará más de un siglo y que terminará con la coronación de Isabel la Católica en 1479, hecho que iniciará una nueva época de esplendor. Más concretamente, en el reinado de Pedro I el Cruel (1350-1369) hubo una serie de enfrentamientos entre Castilla y Aragón y estalló la guerra civil, que llevó al trono a Enrique II (1369-1379), con quien dio comienzo la dinastía Trastámara. La situación en Castilla bajo esta dinastía fue desastrosa. La autoridad real había perdido su prestigio y la nobleza se aprovechaba de las continuas guerras civiles para aumentar sus privilegios. La situación económica era pésima y no fue posible ningún desarrollo de una burguesía industrial. Durante el reinado de Juan II (1406-1454) las luchas nobiliarias se intensificaron. Finalmente, a la muerte de su sucesor Enrique IV (1454-1474), y a causa del matrimonio de Isabel de Castilla con Fernando II de Aragón (1469), se unieron las dos coronas, dando origen al reino de España.

Bibliografía:
-Cantarino, Vicente. Civilización y cultura de España. Prentice-Hall Inc., New Jersey 1999
-Kattán-Ibarra, Juan. Perspectivas culturales de España. 2ª ed., National Textbook Company, Lincolnwood (Chicago) 1995
-Montoya, Jesús. Alfonso X el Sabio – Cantigas. Cátedra, Madrid 1988

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